Rubén o el camino del mal

Por Recaredo Veredas

Si alguien, dentro de cien años, quiere conocer el espíritu que alentó a la borrachera de dinero sucio que sufrió España durante la primera década del nuevo milenio no solo deberá leer historia económica o política, también tendrá que hurgar en el alma de los protagonistas. La historia puede describir los hechos y sus causas, pero se adentra con dificultad en el espíritu, tantas veces más importante que las cifras. Dentro de esos cien años el díptico de Chirbes (Crematorio y En la orilla) seguirá contando la vida privada, las causas íntimas que  acompañaron al torrente. En la primera describe la cogorza, en la segunda, la cruel resaca. No son novelas perfectas, pero la mirada de Chirbes hurga sin compasión tanto en el primer paso, pleno de corrupción, sexo sucio, destrucción de un paisaje idílico, ambición y complicidad del poder y los ciudadanos, como en el segundo, poblado por chalets a medio construir, ruina y agua podrida. Solo Joan Francesc Mira, en su particular versión de la Divina Comedia, titulada Purgatorio, describe con similar precisión el tsunami que arrasó la costa mediterránea durante la aciaga década dorada. Además Chirbes conoce el alma de su tierra, tan proclive a la exaltación de los vínculos familiares y al desprecio del estado.

Entre los personajes que habitan en ambas narraciones destaca, con brillo inigualable, Rubén, un arquitecto culto, idealista en su juventud, cínico hasta la extenuación en su madurez, liado con una joven arribista cuyo egoísmo conoce, incluso admira, despreciado por su familia, cuyos lujos asiáticos costea. Rubén es el vástago negro que toda dinastía precisa, quien desciende hasta el fondo del barro para que sus descendientes puedan permitirse el honor y la molicie. Chirbes acierta y arriesga porque no crea al constructor arquetípico, al putero, aficionado a los asadores, profundamente inculto y solo dotado de un fuerte instinto cazador que todos conocemos. No, Rubén fue un intelectual durante su paso por la universidad y sigue siéndolo tras su pacto faústico. Ambas facetas del personaje, en apariencia antitéticas, están combinadas sin una sola quiebra, conformando un protagonista mucho más carismático que el antagonista: su hermano, el hortelano comunista, ligeramente cursi, que mantiene la ética mientras todo se derrumba.

Rubén, interpretado por José Sancho, protagonizó la versión televisiva de Purgatorio. Una serie digna, que en nada se parece a la novela y minimiza la complejidad de un personaje mucho más parecido a Lorenzo de Medicis que a Jesús Gil.

Tras el impacto que me causó Rubén leí otras novelas de Chirbes. No puedo negar su dignidad pero en ninguna hallé la capacidad de arrastre de ese arquitecto que planta cara a Dios y decide tomar, con plena conciencia de sus actos y sus consecuencias, el camino del mal.

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Sobre Recaredo Veredas:

Licenciado en Derecho. Máster en Edición. Reseñista en numerosos medios, como Quimera, ABC o Qué Leer. Profesor en la Escuela de Letras. Fundador, junto a otros, de Culturamas y creador de micro-revista. Autor de los libros de relatos Pendiente (Dilema Nuevos Narradores, 2004) y Actos imperdonables (Bartleby, 2013), del manual Cómo escribir un relato y publicarlo (Dilema, 2006), del poemario Nadar en agua helada (Bartleby, 2012) y de la novela Deudas vencidas (Salto de página, 2014).

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