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Premios y lenguas

Por Jorge Carrión

Lo deja bien claro la página web del Departamento de Educación, Política Lingüística y Cultura del Gobierno Vasco: “Estos premios reconocen cada año lo mejor de la literatura y son el reflejo de la Euskadi en que vivimos: un país rico y plural, comprometido, lleno de matices y diferencias que nos enriquecen. Galardonamos letras en español y en euskera, para público infantil y adulto, ilustraciones de todos los colores como todos los matices que tiene nuestra sociedad.” El Premio Euskadi de Literatura ha sido concedido a autores de mi generación de prosa exquisita, como Juan Carlos Márquez, Harkaitz Cano y Jon Bilbao. Autores que escriben en castellano y en euskera. Porque la distinción tiene ambas modalidades. Eso es así desde 1982, cuando fueron instaurados los galardones. Tanto el PNV como el PSE han coincidido en lo que, a mis ojos, es una obviedad: la literatura vasca se expresa con naturalidad en dos idiomas, que son los de sus ciudadanos y, por tanto, los de sus escritores.

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El Premi Nacional de Cultura, modalidad Literatura, en cambio, sólo lo pueden ganar autores cuya obra literaria sea en catalán. No la periodística: durante décadas se ha considerado normal que algunos de los escritores más prestigiosos de la novelística y la cuentística en catalán escribieran a diario en español sus columnas de opinión. Solamente dos personas menores de cuarenta años han merecido la distinción: Toni Sala, quien a mediados de la década pasada se benefició de cierto consenso crítico sobre la pertinencia de su proyecto comercial y minimalista; y Francesc Serés, probablemente el narrador en catalán más potente de esa generación. CIU y PSC estuvieron de acuerdo en lo esencial: la literatura catalana solamente se expresa en catalán. Un gran error. Tal vez hasta los años 90 fuera adecuado privilegiar la literatura catalana en catalán, para lograr cierta estabilidad y proyección de una lengua literaria que fue ferozmente reprimida por el franquismo. La restitución era de justicia. Pero una vez se han conseguido la estabilidad y la proyección, Maragall y Montilla dispusieron de una gran oportunidad para ser justos en la recompensa del esfuerzo de los creadores en las dos lenguas propias del territorio. Lo que tendrían que haber hecho, a mi juicio, es haber llevado a la Generalitat el modelo de los Premios Ciudad de Barcelona, que cada año destacan una obra en cada lengua. O el de los futuros Premios Gaudí, que premian películas también en ambos idiomas. Pero no lo hicieron. Porque los socialistas catalanes no tuvieron un programa propio en temas culturales. Lo primero que hizo Montilla al llegar al poder fue apuntarse a clases particulares de catalán. En aquel momento me pareció lo adecuado, pero retrospectivamente pienso: qué conveniente hubiera sido mantener, si no reforzar, ese acento imperfecto, ese acento de catalán de origen cordobés, ese rastro del que inmigró a los dieciséis años y llegó a President de todos los catalanes.

La publicación de Victus (La Campana, 2012) ha puesto en jaque todo un sistema cultural. Después de varios libros escritos directamente en catalán, Albert Sánchez Piñol ha escrito su nueva novela en castellano, por motivos –según él– meramente de voz narrativa. Julià Guillamon, que desde el suplemento Cultura/s de La Vanguardia ha seguido todos los fenómenos importantes de la literatura catalana en catalán de las últimas décadas, señaló que el hecho de que el libro lo publicara la editorial de siempre revelaba que el cambio de lengua no se debía a razones comerciales. Es muy probable que así sea. Pero la pregunta no es ésa, sino la siguiente: ¿Podría ese libro valerle a Sánchez Piñol el Premi Nacional? Ojalá. Y que en los próximos años, junto con Sergi Pàmies o Núria Perpinyà, lo ganen también Juan Marsé, Javier Pérez Andújar, Cristina Peri Rossi, Javier Cercas o Enrique Vila-Matas.

 La fotografía del autor es de Efrén Hernández

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Sobre Jorge Carrión:

Novelista, profesor, gestor cultural, periodista, provocador o impenitente viajero, Jordi o Jorge Carrión es una de nuestros intelectuales más innovadores. Ha publicado la novela Los muertos (Mondadori, 2010) y numerosos libros de viajes o ensayos. Su penúltima obra es Teleshakespeare (Errata Naturae, 2011) en la que analiza el fenómeno de las series de televisión. Acaba de quedar finalista del Premio Anagrama de Ensayo con Librerías.

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4 Comentarios

  1. observador
    18/02/2013 at 15:52 · Reply

    Empiezas bien y laidea que defiendes (que puedan premiarse también a los catalanes que escriben en castellano) es muy lógica.

    Sin embargo acabas enfangándote con lo del catalán de Montilla. No me creo que un hombre de letras como tú pueda defender que el presidente de Catalunya hable un idioma lleno de extranjerismo e incorrecciones. Sobretodo teniendo en cuenta que a cualquier funcionario se le piden títulos acreditativos de catalán.
    A cualquier ·”españolito” le parecería inaceptable que un presidente español hablase un español pobre y lleno de erratas. Igual que a todo francés, un inglés o un finlandés le avergonzaría que su presidente fuera incapaz de hablar correctamente los respectivos idiomas nacionales.

    La idea de forzar y reforzar las incorrecciones en el catalán para marcar el “perfil cordobés” ya cae en el “lerroixismo” total, así que mejor ni comentarlo.

  2. mar
    18/02/2013 at 18:47 · Reply

    Que cada uno escriba en el idioma que decida, y que luego se traduzca a otros. Pero que todos/as puedan presentarse a los certámenes, sin que el idioma sea un impedimento. La cultura debe integradora de otras cultura y ser algo abierto, no un ghetto.

  3. Vaja
    18/02/2013 at 22:59 · Reply

    Vaya, sube un poco C’s y algunos ya van dejando ir cada perla que tela. Qué largas las manos del Foro de Babel.

  4. Luis
    26/02/2013 at 12:22 · Reply

    Lo de Cataluña no tiene nombre. Efectivamente, Montilla es un iletrado, sin más. Haya nacido donde haya nacido. Hay muchos así. No se trata de defender la ostentación de la carencia cuando se desempeña un cargo público, pero está claro cuál es el punto de vista del autor, muy lógico y de sentido común. ¿Por qué discriminar por lengua un premio que se otorga a la masa de escritores catalanes? Es evidente que no debería ser así, ¿verdad? En Cataluña, sí. Recordad, los que no vivís en Cataluña, que allí el tema de la lengua es obsesivo y de frenopático por parte de todas las instancias públicas. Y que esto es lo que lo explica todo.

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