La vida enseña

Por Miguel Ángel Serrano

La juventud de Martin Birck. Hjalmar Söderberg. Alfabia, 2014. 190 páginas, 18 €

Oh, sí, la vida enseña sus tripas y su maquillaje, y el disimulo, la mirada huidiza, no necesariamente salvan al espectador de entrever su mediocridad, la grisura de los días tras los días. Basta con el rabillo del ojo, casi siempre, para saber. La vida enseña pero el aprendizaje es de cada uno, el trampantojo es diseño del espectador: las cosas son lo que queremos que parezcan. Formarnos en el molde de la convención, no destacar en el grupo, no escandalizar ni dejarse ir por la furia o por saber lo cierto y verdadero: siempre hay una palabra o un pensamiento que nos dejan vivir en nuestro refugio. Y este trayecto, que casi todos viven en silencio, es nuestra propia, personal e intransferible bildungsroman: es esto lo que aprendemos aunque no nos guste.

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Martin Birck tiene una infancia blanca y prístina, no diré que feliz, pues avanza algunas inquietudes que le asaltarán de adolescente: el destino esperable, la religión que no es casa, el miedo a lo que se sabe que viene. Martin, cuando acaba su formación, acaricia en sus poemas esa incomodidad, sabedor además de que la poesía necesita de dosis de pureza y dignidad de las que no se siente poseedor. De modo que la aceptación de la vida burguesa no es una derrota, pues es simplemente la incorporación a la corriente. No es, por otra parte, consuelo alguno, pues las grandes preguntas que se hacen y se dejan sin respuesta nunca dejan de repetirse. Birck, enfangado en sus días de plomo, acepta hacer cosas que repugnan a su alma de poeta porque ésta ya ha muerto. Como en El juego serio, Söderberg nos brinda una explicación mediante el teatro al final de la obra: el yo social, en denominación más moderna, es perfectamente capaz de hacerse con la personalidad del hombre, que solo deberá aceptar la escena y finalmente un libreto que no escribe.

Es esta una novela lírica en su primera parte y que se desliza lentamente hacia la tragedia sin cargar las tintas, pues la tragedia interior, la muerte del joven que fuimos, se ve como una transición triste pero no dramática: al fin y al cabo, ¿cómo vencer a una sociedad hecha para aplastarnos?

“La felicidad, la alegría de la juventud, ¿adónde se habían ido? La vida está hecha para la gente mayor y por eso ser joven es un infortunio. Está hecha para los irreflexivos y apáticos, para quienes toman lo falso como verdadero y en realidad prefieren lo falso, por eso es una enfermedad pensar y sentir, una enfermedad infantil por la que se ha de pasar antes de hacerse un hombre”.

También es la primera novela del gran Söderberg, del que Alfabia emprende la tarea de traducir su obra completa. En ella, se apuntan algunos temas que desarrollará el autor sueco posteriormente. Una novela también de aprendizaje para el escritor.

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Sobre Miguel Ángel Serrano:

Miguel Ángel Serrano (Madrid, 1.965) es novelista, ensayista, poeta y crítico. Obtuvo el Premio José María de Pereda de Novela Corta del Gobierno de Cantabria con Tango, su primera novela, a la que le seguirían Jardín de Espinos y El Hombre de Bronce. Fue además finalista del Premio NH de Relatos con El Veneno del Profundo Pesar. Es también autor del ensayo histórico La Ciudad de las Bombas: Barcelona y los Años Trágicos del Movimiento Obrero y del libro de poemas Un presagio.

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