La nueva etapa de Caballo de Troya

Por Recaredo Veredas

Han pasado pocos meses desde la jubilación de Constantino Bértolo. En aquellos días pocos apostaban por la continuidad de Caballo de Troya. Sin embargo, la dirección de Penguin Random House ha decidido que el sello continúe. Han acertado. La cantera les cuesta unos pocos miles de euros al año. Con que les salga una sola Elvira Navarro cada dos temporadas ya habrán amortizado la inversión. El nuevo Caballo de Troya tendrá una novedad significativa: no contará, como ocurre en todas las editoriales convencionales, con un director fijo: tal cargo cambiará cada año y los agraciados serán, supongo, escritores españoles o iberoamericanos con dotes para el cargo. Es decir, conocerán el negocio editorial  y poseerán un criterio literario propio. La primera afortunada es la joven escritora Elvira Navarro, cuya primera obra –La ciudad en invierno– ha sido uno de los mayores éxitos de la editorial que ahora dirigirá.

Caballo de Troya es, desde su nacimiento, una editorial extraña, una pequeña república disidente ubicada en el centro de un inmenso imperio, cuya rebeldía es consentida, aunque no demasiado apoyada, por los Zares. Me explico: desde una perspectiva mercantil pertenece a la filial española de la multinacional planetaria Penguin Random House, parte a su vez del holding alemán Bertlesmann, cuyos intereses superan el entendimiento humano. El insólito logro de  Constantino Bértolo -crear una editorial independiente, con costes mínimos, dentro de un gran grupo- fue acompañado por una libertad total, mucho mayor que la poseída por un sello autónomo: el paraguas del gran grupo y la obligada austeridad cubrían cualquier inclemencia económica. Tan extraña conjunción ayudó a que Constantino se diera el saludable lujo de publicar lo que le diera la gana. ¿Mantendrá su sucesor o sucesora itinerante tales privilegios? Veremos.

Algo más sobre el antiguo Caballo de Troya: el nombre y el lema –Para entrar y salir de la ciudad sitiada– escogidos dan una idea de la voluntad de intervención, decididamente izquierdista, del sello. No sé si tal propósito se ha conseguido: la mayor parte de los lectores de Caballo de Troya compartían con carácter previo los postulados de Bértolo y sus autores. Lo indicado no va en demérito de D. Constantino que, sin duda, ha sido uno de los editores más coherentes de España. Descartaba novelas que consideraba de buena calidad literaria en favor de otras que impulsaban ese propósito de intervención. En cualquier caso, Caballo de Troya era una de las escasas posibilidades con las que contaban autores noveles para publicar su obra. Afirmo noveles porque Constantino no estaba limitado por la juventud: escogió a autores ancianos, como la autora de Las primas, la maravillosa Aurora Venturini.  Entre sus descubrimientos se encuentran la ya mencionada Elvira Navarro, Mercedes Cebrián, Coradino Vega, Lolita Bosch, Julián Rodríguez…

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El nuevo Caballo de Troya será, ante todo, digital. Así lo pidió Bértolo en su despedida. Cada director literario publicará de 6 a 8 títulos que, además de la edición electrónica, contarán con una tirada mínima en papel.  Elvira Navarro, ha declarado sus intenciones a micro-revista:

Una cosa es segura: mi voluntad de que en Caballo de Troya se sigan publicando libros que posean una mirada crítica, lo que también implica cuestionar los modos narrativos, aunque no de la manera en la que habitualmente se concibe este cuestionamiento, que es a la hegeliana. Es decir: creyendo que ya no se puede hacer lo que ya se hizo. Eso es limitar las posibilidades de la ficción. La osadía depende del contexto: si lo tradicional está denostado, por ello mismo determinados usos de lo tradicional pueden ser lo más valiente o crítico. Por lo demás, y aunque pretendo que Caballo de Troya sirva durante 2015 para dar cabida a nuevas voces (o quizás no tan nuevas, pero arrinconadas), todo dependerá de lo que me llegue.

Para quien no lo sepa, Elvira Navarro es una novelista andaluza que vive en Madrid desde hace años. Ha publicado tres novelas, una en Caballo de Troya (La ciudad en invierno) y dos en Random House (La ciudad feliz y La trabajadora). La última lleva tres ediciones, algo muy poco frecuente en autores de su exigencia literaria. Lo más interesante de Elvira no es su calidad como escritora. Buenos escritores los hay a cientos. Es su capacidad para reflejar nuestros vomitivos tiempos, para comprender el sufrimiento inherente a nuestra dinámica laboral y para que miles de lectores hagan suya su mirada. Nos encontramos, por lo tanto, ante una autora valiente y con criterio, que sabe lo que le gusta y lo que no le gusta. Aunque no posea experiencia como directora editorial sí conoce el sector, gracias al Master de Edición que cursó y a sus años de experiencia como freelance. Desde micro-revista, donde colabora con frecuencia, le deseamos la mejor de las suertes.

La fotografía de Elvira Navarro es de Israel Toaz. 

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Sobre Recaredo Veredas:

Licenciado en Derecho. Máster en Edición. Reseñista en numerosos medios, como Quimera, ABC o Qué Leer. Profesor en la Escuela de Letras. Fundador, junto a otros, de Culturamas y creador de micro-revista. Autor de los libros de relatos Pendiente (Dilema Nuevos Narradores, 2004) y Actos imperdonables (Bartleby, 2013), del manual Cómo escribir un relato y publicarlo (Dilema, 2006), del poemario Nadar en agua helada (Bartleby, 2012) y de la novela Deudas vencidas (Salto de página, 2014).

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