El impostor

Por Recaredo Veredas

El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House. Barcelona, 2014. 420 páginas, 22,90 €.

El mayor don de Javier Cercas es la indagación en personajes y situaciones que una inmensa mayoría consideramos planos o, lo que es lo mismo, la capacidad para encontrar matices, incluso abismos, donde asumimos una realidad unívoca. En El impostor se enfrenta a su mayor reto: construir una novela en torno a Enric Marco, un hombre que vivió como héroe y morirá como villano, al usurpar la identidad de un superviviente de la masacre nazi. Conseguir la empatía del lector con Adolfo Suárez (protagonista de su mejor obra: Anatomía de un instante) era más fácil: el lector ya sabía su ambivalencia. A primera vista Marco parece, simplemente, un aprovechado, un megalómano. Un pequeño Nicolas de la memoria histórica. Los espantajos siempre alivian, hacen ver que el mal está fuera, que somos inocentes y puros. Cercas no tiene reparos en desnudarse y, al equiparar su adaptación a los tiempos con la de Marco, provoca que sintamos lo ilegítimo (o al menos lo dudoso) de nuestra indignación frente a la mentira. Cercas reconoce en las primeras páginas que inicia su investigación con un criterio nítido sobre Marco, pero también tiene suficiente apertura de miras para que esa opinión cambie. De hecho esa es esa modificación, junto con la estrambótica peripecia vital de Marco, lo que mueve la novela y ayuda a que soporte, con suma soltura, más de 400 páginas.

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Marco nunca dejó de ser un megalómano, pero es un loco que dedicó su vida al bien. En estos tiempos postmodernos no parece razonable hablar de mal y bien pero Marco nunca se lucró con sus disfraces y siempre peleó con todas sus fuerzas para que sus causas, sea la CNT, sea la asociación de padres, sea la Amical de Mauthausen consiguieran sus justos fines. Los mediópatas representan a la sociedad que los cobija. Marco siguió causas nobles, propias de una sociedad ingenua, que valoraba el bien por encima de todo. La risa del pequeño Nicolas simboliza una sociedad podrida, devorada por la avaricia.El impostor también demuestra la vigencia de la psicología, la triste paradoja de los seres humanos, que siempre nos comportamos de maneras similares ante idénticas situaciones. La locura de su madre marcó para siempre a Enric y motivó su incurable búsqueda de reconocimiento.

Marco también se descubre como un gran narrador frustrado. Vargas Llosa, en el polémico artículo que le dedicó, ya le definía así. Los discursos de Marco poseen una expresividad digna de la mejor literatura, pero se empeñó desde sus primeros días en no conformarse con la ficción, sino apostar por la realidad, por convertir en novela su propia vida. La realidad se le quedaba pequeña. ¿Es El impostor una novela o un ensayo? Una novela: Cercas se permite la recreación de la verdad (porque cree en la verdad), suministra información a la medida de la estructura, combina las tramas con fines narrativos y es radicalmente subjetivo.

Lean el impostor. Saldrán modificados y eso pueden afirmarlo muy pocas novelas.

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Sobre Recaredo Veredas:

Licenciado en Derecho. Máster en Edición. Reseñista en numerosos medios, como Quimera, ABC o Qué Leer. Profesor en la Escuela de Letras. Fundador, junto a otros, de Culturamas y creador de micro-revista. Autor de los libros de relatos Pendiente (Dilema Nuevos Narradores, 2004) y Actos imperdonables (Bartleby, 2013), del manual Cómo escribir un relato y publicarlo (Dilema, 2006), del poemario Nadar en agua helada (Bartleby, 2012) y de la novela Deudas vencidas (Salto de página, 2014).

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